El impacto medioambiental de un entierro tradicional

A muchos nos preocupa el futuro que vamos a dejarles a nuestros hijos y nietos. Un futuro que pasa por cuidar el planeta, por revertir el cambio climático, frenar las emisiones de dióxido de carbono, etc.

Aunque existe una emergencia climática y parece ser que algunas administraciones se están poniendo las pilas, el futuro no es precisamente verde. 

Pero la sociedad, la gente, tiene el poder de cambiar las cosas si realmente hacen todo aquello que esté en sus manos para hacer de este mundo un planeta más habitable. E incluso hay quienes van más allá. Su actitud en vida trasciende la muerte. Y es que a sabiendas de lo contaminante que es la industria funeraria, planean su propio entierro para que tenga cero impacto en el Medio Ambiente. Afortunadamente, cada vez encontramos más gente así y cada vez hay más opciones para preparar un entierro ecológico. 

Coste medioambiental de un entierro

En España el coste de un entierro está sobre los 3.500 de media. Con una tasa de 423.643 defunciones al año, el negocio global de las funerarias llega a facturar hasta 1.505 millones de dólares (según el informe de 2018 emitido por Panasef, la Asociación Nacional de Servicios Funerarios, Radiografía del Sector Funerario). Pero este informe no evalúa el coste medioambiental de los entierros.

Por eso nos fijamos en lo que sí dicen en Estados Unidos, uno de los países que más está por la labor en eso de reducir el impacto medioambiental en la industria funeraria. Allí existe el Green Burial Council, algo así como el Consejo de Entierros Ecológicos. Este ha declarado que en EEUU anualmente la tierra se contamina con 3 millones de formaldehído (de los productos químicos usados para embalsamar a los cuerpos), 1.300 toneladas de cemento (provenientes de las lápidas) y 13.600 toneladas de acero y otros metales (salidos de los féretros). 

Delante de toda esta contaminación se ha levantado todo un movimiento que clama por un nuevo modelo funerario, donde el impacto sobre la tierra sea cero. Así han aparecido distintas alternativas que prescinden de todos estos procesos tradicionales y apuestan por nuevos métodos, menos regresivos, para enterrar nuestros seres queridos. ¿Pero qué es lo que hace que un entierro tradicional sea tan contaminante?

Cuerpos embalsamados y contaminantes

Cuando un cuerpo se muere empieza su descomposición. Se embalsama, para que se puede conservar en buen estado (sobre todo en el caso de que se quiera organizar un velatorio para despedirse del muerto, en cuerpo presente). Ese proceso de embalsamiento es el más usado para la tanatopraxia, entendido como la técnica de conservación temporal de los cadáveres. Para embalsamar un cuerpo se usa principalmente alcohol metanol y formaldehido, dos elementos que mantienen la integridad de los tejidos corporales y son anti bactericidas e impiden el inicio de la putrefacción natural del cuerpo.

Pero no es el único recurso tanatopráxico. De hecho, hay uno que es mucho más natural: aplicar el frío. Un cuerpo se puede refrigerar, es decir aplicar hielo para que la temperatura del cuerpo descienda y se ralentice el proceso de putrefacción. O se puede congelar produciendo al cuerpo una hipotermia. 

Pero en España existe una ley que obliga a que cualquier cadáver sea embalsamado en un máximo de 96 horas. Aun así, teniendo en cuenta que un cuerpo refrigerado puede durar 36 horas sin empezar el proceso de putrefacción, esta obligación es del todo innecesaria. Y por supuesto que anacrónica. Así pues, la tanatopraxia solo tiene una misión: mantener el cuerpo de la manera más bonita y saludable posible para que la gente se pueda despedir de él. Es una medida que en principio prima lo estético frente a lo sostenible.

El impacto medioambiental de un féretro

Otro de los elementos contaminantes para la tierra es el propio féretro donde va a yacer el finado. La mayoría de estos féretros están elaborados con madera tallada con productos derivados de la deforestación. Además, estas cajas vienen decoradas con componentes metálicos, fibras sintéticas de telas, barnices, etcétera. Y estos elementos no retornan fácilmente a la naturaleza en su estado primario. De hecho, en otros países abogan por ataúdes de cartón, mimbre o algodón, materiales que afectan menos al Medio Ambiente.

En España encontramos 6 féretros que cumplan con unos requisitos para que sean considerados ecológicos. Estos requisitos se dan con una certificación que ofrece EcoTerra, un distintivo de excelencia medioambiental. Primeramente, el ataúd debe certificar que la madera ha sido extraída de bosques gestionados de manera sostenible y no de bosques deforestados o sobre explotados. También se valora el origen de la madera y que sea de kilómetro cero, es decir que no venga del “quinto pino” con el consecuente coste medioambiental que supone el transportarla. Y por supuesto que no lleven estos elementos embellecedores: barnices, tejidos sintéticos, pintura, ribetes dorados, etc.

La (mala) opción de una tumba o una lápida

Hay otros dos elementos que dan forma a un entierro convencional y que también son muy perjudiciales para el subsuelo: las tumbas y las lápidas

En el primer caso, estamos hablando de elementos estructurales creados a partir de cemento y hormigón que ganan terreno al suelo y para hacerlo deben cavar un agujero. El proceso para preparar la cava mortuoria implica cocer la piedra caliza y la arcilla a más de 1.450º C. 

Referente a las lápidas, el problema es más en el coste medioambiental por el transporte de estas lápidas, pues la mayoría de lápidas de granito vienen de países muy lejanos como China, Brasil o África del Sur. 

Apostar por una simple cruz de madera o por una urna biodegradable con las cenizas del cuerpo siempre será mucho más sostenible. 

Las incineraciones también contaminan, pues cuando quemamos un ataúd también estamos emitiendo muchas sustancias tóxicas que van a flotar en el aire (barnices, textiles, adornos). Y de hecho ya se ha comprobado, mediante distintos informes, que en las zonas cercanas a crematorios la calidad del aire es peor y aumentan los problemas de salud.

 

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Una iniciativa de

Terra Fundación
Fundación Tierra es una ONG ambiental independiente y sin ánimo de lucro, implicada en el cambio de hábitos. Desde 2005 divulga conocimiento sobre ecología funeraria, analiza el impacto ambiental del sector en España y desarrolla certificaciones ecológicas para productos funerarios.​
DKV Salud y bienestar
DKV es la única compañía que ofrece un seguro de decesos ecológico en España. Desde 2012 fomenta la innovación ambiental en el sector funerario, exigiendo a sus proveedores el cumplimiento de requisitos ambientales. También promueve la planificación del sepelio entre sus asegurados.