Por una muerte apropiada
Título original: Per una mort apropiada
Autor: Marc Antoni Broggi
Editorial: Edicions 62
Fecha de publicación: 2011
Idioma: catalán
Impresión: 300 páginas

A lo largo de su experiencia como médico, el doctor Marc Antoni Broggi y Trias ha tenido relación con personas que se acercan a la muerte o que temen hacerlo; y, como especialista en bioética, ha reflexionado con otros profesionales de la medicina, de enfermería o de otros campos (del derecho, la filosofía, la psicología o la gestión) sobre los hechos, los derechos y las necesidades de los ciudadanos, sobre algunas carencias con que se encuentran y las mejoras necesarias. En este libro se hace un repaso de los aspectos más relevantes que rodean el final de la vida, desde el ámbito más personal hasta el público: la necesidad de preparación, de la compañía atenta o de una cura paliativa adecuada. Analiza lo que se entiende hoy por buenas prácticas al final de la vida y, no obvia la polémica sobre la eutanasia, expone la necesidad de extender el respeto a la voluntad, la lucha contra el dolor y el sufrimiento y el ahorro de actuaciones inútiles. Si morir es inevitable, morir mal no tiene porque serlo.

 

La obsesión por evitar la muerte al precio que sea subyace de forma arraigada en nuestra sociedad y a veces esta nos impide tratar como es necesario el proceso de acercarnos a la misma. La muerte nos iguala a todos pero el morir no. El morir nos diferencia y en mucho. Algunos se retuercen en el sufrimiento, otros les llega en la absoluta soledad y otros lo hacen de forma serena e incluso relajadamente. También puede sorprendernos sin aviso alguno y quedar fulminados. De ahí la importancia no tanto de enseñar a morir de una determinada sino de ayudar a que cada persona le llegue su mejor muerte. Esto es lo que podríamos definir como dignificar la muerte. Y es que cerca de la muerte, la rapidez y la amplitud de los cambios del estado emociona de una persona son muy importantes.

Per una mort apropiada reflexiona sobretodo no tanto a adquirir conocimientos como a la de reflexionar sobre la necesaria reconociliación con la propia vida, la aceptación de la propia y sencilla finitud que está en el alma de nuestra existencia. De ahí que los profesionales de la medicina según el autor deben sobretodo aprender a acompañar, entendiendo esta no como la imposición de una presencia ni de caminar en el lugar del otro marcándole el camino que deba hacer, sino tan sólo estar a su disposición, es decir ser hospitlario, acoger. Los valores que caracterizan un buen acompañamiento son la compasión, el coraje y la lealtad, saber escuchar e imprimir confianza.

Frente a la enfermedad es posible vivir y descubrir aspectos personales e interpersonales muy interesantes. El de la solidaridad es uno de ellos y que permite emociones muy enriquecedoras porque una buena esperanza no es lo último que nos queda sino que es elo mejor que tenemos para vivir bien lo que nos quede. El miedo está presente siempre cuando la muerte nos ronda y no sólo el enfermo sino también en el profesional de la medicina.

En  una segunda parte el libro se adentra en los derechos y deberes del mundo sanitario y el enfermo. En este sentido nos recuerda los derechos de los enfermos y de la universilización de la buena asistencia entendida no tanto como poder disponer de la mejor tecnología a disposición sino sobretodo también de respetar las propias convicciones del enfermo respecto a la muerte. En este sentido el viejo proverbio de la medicina francesa lo expresaba muy bien, el objetivo de la ciencia médica es curar alguna vez, aliviar a menudo y consolar siempre. Por eso, el libro se adentra en las reflexiones sobre la mejor forma de disminuir el dolor.

Nos recuerda que cuando una persona se niega a una actuación médica está en su derecho porqué es la persona necesitda la que debe definir su propia necesidad. En el ámbito profesional no puede verse como una denegación de auxilio porque el auxilio es por definición algo que debe ser aceptado previamente. Son derechos fundamentales de la persona a elegir el tratamiento que considere más oportuno para su integirdad. De hecho el Convenio del Consejo de Europa relativo a los derechos humanos y la biomedicina vigente desde el 1 de enero de 2000 especifica que “serán tenidos en cuenta los deseos expresados respecto a una intervención médica por parte de una persona que, en el momento de la intervención sea plenamente consciente de su voluntad”. De ahí que exista el llamado documento de últimas voluntades y también conocido legalmente en España como “documento de directrices previas”. Un documento personal dirigido a los profesionales sanitarios para dejar claro sobre los tratamientos médicos destinados a prolongar un proceso inevitable de enfermedad terminal que no aceptaría la persona.

Finalmente, en su objetivo de reflexión sobre los diferentes aspectos que acompañan al proceso de morir el libro dedica un capítulo a la eutanasia en el que entre otras aclara que no es eutanasia, aceptar que la muerte venga, ni tampoco permitir que la muerte llegue, o aligerar la muerte que se nos viene. Eutanasia es provocar la muerte. El buen profesional que participa en el acompañamiento de la muerte debe practicar la compasión con implicación comprensiva, el coraje como compromiso y el de la lealtad como fidelidad. Broggi defiende que quizás deben existir condiciones para facilitar la buena muerte y nos recuerda las reflexiones de los teólogos Hans Küng y Walter Jens en que afirman que “Se viviría mejor abandonando la fe infantil de que uno es inmortal anclada en el inconsciente profundo ya que la dignidad del ser humano se basa en el hecho de ser finito y poder morir, algo que debería ser el lema de nuestra sociedad junto a la afimración que todo hombre tiene derecho a no sufrir”.

Per una mort apropiada es un texto cuya lectura interesará enormemente a los profesionales sanitarios aunque el público en general encontrará en el mismos las reflexiones de un cirujano experto y con una dilatada experiencia en el Comité de Bioética Médica. El autor nos invita no a la opción de mirar la muerte de cara sino de hacerlo de la forma apropiada o dicho de otro modo, cómo puede ser la mejor forma de afrontarla. Una muerte apropiada no sólo porque debe ser como desearía la persona, sino el resultado de disponer de los derechos que el mundo sanitario nos reconoce cuando somos enfermos. Tanto los familiares como los profesionales deben ver que hay un momento para morir y por tanto que lo conveniente es ayudar al enfermo, no a no morirse sino a morir en paz.

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