Vestidos para honrar la tierra

¿Qué tejido elegir para el ultimo adiós? Los mejores son los compuestos con fibras vegetales que son biodegradables, como el lino, el algodón o el cáñamo, ya que su descomposición es fácil en el entorno natural y no contaminan. Optar por un sudario elaborado con estos tejidos vegetales es ya de por sí una decisión acertada que no sólo permite dar una sepultura digna sino que además ayuda a honrar a nuestro planeta sumido en una profunda crisis socioecológica.

Vestidos para honrar la tierra

 “Mi madre se paró en una tienda para ver unos bordados expuestos en un aparador. Era uno de esos establecimientos típicos que venden sábanas y tapetes bordados a mano en un pueblecito de montaña más dirigido a turistas que a locales, pero con un producto de calidad, de algodón y lino, confecionados por bordadoras de esa misma localidad o de otras cercanas. Después de unos segundos entró en la tienda y estuvo un largo tiempo mirando el producto mientras yo observaba con mi hijo pequeño el paisaje de montaña con el mar brillante al fondo. Hasta un tiempo después, cuando ya estábamos lejos del pueblo siguiendo una carretera que nos conduciría entre curvas cerradas hasta la ciudad, no supe de la trascendencia de acto que había llevado a cabo mi madre unas horas antes. Me comentó que se había comprado un sudario de lino con el que quería que la envolviéramos el día que muriera. En ese momento no supe que decir. Me quedé sin palabras solo pude sentir tristeza ante esa evocación. Al final comprendí que mi madre en ese momento estaba ejerciendo algo poderoso: había tomado una decisión muy importante: como quería ser vestida en la hora de su muerte. También aprendí que todos podemos prepararnos para ella aunque puedan faltar muchos años para que ésta suceda”.

Este es el testimonio de María P. recordando un lejano día en que su madre le hizo saber como quería ser vestida el día que muriera. Con un simple acto, el de comprar un sudario, y con la comunicación de su deseo transmitido de manera explícita le había facilitado tener que tomar una decisión en el futuro. Sabía que no escogería ropa de flores alegres favorecedores y que siempre le habían gustado, ni el más valioso de sus vestidos. Simplemente la envolvería en una sábana de lino de gran pureza y calidad, guardada hace años para esa ocasión. Un tejido que serviría para cubrir amorosamente el cuerpo de su madre, fiel compañero durante  cerca de 100 décadas y con el que había vivido tantas historias de amor y desamor.

Morir adecuadamente vestido

No todas las familias tienen tan claras las últimas voluntades de sus mayores o la de sus amigos más íntimos cuando estos fallecen. La mayoría, ante la necesidad de tomar una decisión sobre como vestir la persona fallecida improvisa, normalmente lo hace con prisas y en un momento de gran estrés emocional. Y lo más importante, en esas circunstancias no suele tener en cuenta que ese simple gesto tienen consecuencias ambientales nocivas si el ropaje funerario es de tejidos sintéticos y no biodegradables. Si además el destino final es la cremación del difunto, una buena elección en este tema tiene aún más relevancia, porque las fibras sintéticas generan emisiones tóxicas a la atmosfera.

Ante un entierro la mayoría de las personas tiene dos opciones: la inhumación en cementerio o la cremación. Puede también que la empresa funeraria ofrezca embellecer el cuerpo difunto con tanatopraxia. Con esta se drena la sangre del cuerpo y se le inyecta formaldehído, metanol y otros conservantes. Con la tanatopraxia la decadencia del cuerpo se ralentiza pero todos los productos químicos tóxicos se liberarán en el suelo de la tumba o se emitarán a la atmósfera si se incinera. Así pues si el textil del vestido del difunto y los tapizados del ataúd son de fibras sintéticas y además el propio cuerpo está lleno de formaldehido, todo ello se convierten en un tóxico.

Sin duda, las emisiones en la incineración funeraria pueden reducirse al mínimo con diversas buenas prácticas, como que el ataúd sea de madera natural, no contenga barnices tóxicos, y el revestimiento interior sea de lino o algodón. Pero también que el difunto no vaya vestido con ropa sintética. Ante esta situación, ¿Qué tejido elegir para el ultimo adiós? Los mejores son los compuestos con fibras vegetales que son biodegradables, como el lino, el algodón o el cáñamo, ya que su descomposición es fácil en el entorno natural y no contaminan. Optar por un sudario elaborado con estos tejidos vegetales es ya de por sí una decisión acertada que no sólo permite dar una sepultura digna sino que además ayuda a honrar a nuestro planeta sumido en una profunda crisis socioecológica.

Pero podemos dar un paso más: elegir tejidos vegetales ecológicos certificados.  En esta opción de excelencia convertimos el último acto vital en una ceremonia de consciencia,  El día de la muerte al igual que el del nacimiento es un día muy importante porque es la culminación de toda una vida. No siempre en nuestra cultura occidental le damos el verdadero valor ceremonial que se merece. En España, por la premura a la que obliga la legislación, esta es todavía más impersonal. Una ceremonia funeraria con consciencia ecológica permite dejar el planeta mejor que lo encontramos y también es un acto de amor para las generaciones venideras.

Certificado de calidad y sostenibilidad

Los crematorios se preocupan cada día más por el material que conforma el ataúd, tanto estructuralmente (que tipo de madera) como lo que lo recubre por dentro (la tapicería). No cuestionan todavía las ropas del difunto. Pero en su conjunto cuando se incineran a unos 900 ºC se liberan compuestos volátiles orgánicos tóxicos si la madera y los barnices contienen formaldheido y otros compuestos químicos orgánicos y la tapicería es de textiles sintéticos. Además los ataúdes con barnices sintéticos en el momento de entrarlo en la cámara del horno puede que la ignición sea demasiado rápido y sea un peligro para los trabajadores que manipulan el horno durante la incineración.

La demanda de tejidos naturales, como el algodón orgánico certificado, crece fruto de la mayor sensibilización por parte de la población por la moda sostenible, que implica adquirir ropa libre de pesticidas, herbicidas y fertilizantes. Los tejidos certificados además garantizan que han sido elaborados con tintes naturales que generan menos alergias cutáneas y, a la vez, conllevan un mayor respeto por las condiciones laborales de los productores en contraposición a la ropa muy barata obtenida a consecuencia de la explotación laboral infantil y de adultos. Algunas de las principales marcas certificadoras de tejidos ecológicos son Global Organic Textile Standard (GOTS), Textile Exchange, Oeko-tex Standard 100, Blue Sign, Ecolabel y Global Recycle Standard. Sin embargo, este interés por los tejidos naturales certificados no ha llegado al sector funerario (dado que no tienen la presión del consumidor).

La Fundación Tierra ha diseñado una ecoetiqueta EcoTerra para los ataúdes funerarios, vigente, de momento, solo en España. que identifica  para el consumidor final productos de excelencia ambiental. Los ataúdes con la ecoetiqueta EcoTerra garantizan que la madera es de proximidad, sin formaldehido y con la tapicería interior con tejidos naturales certificados.

Las características de cada certificadora varían y las hay más estrictas en cuanto a los criterios ambientales, como Oeko-Tex y otras más permisivas. Uno puede ver las características de cada una de ellas en los sitios webs de ellas. En general, la certificación asegura que los productos textiles cumplen en todas las etapas de producción con procesos no lesivos para el medio ambiente y que todos los materiales accesorios utilizados en el proceso textil están libres de hasta un centenar de sustancias nocivas, como pesticidas, colorantes cancerígenos y metales pesados, entre otros. En funcionamiento desde 1992, Oeko-Tex actualmente cuenta con 16.000 certificados STANDARD 100 vigentes en todo mundo. Trabaja en cerca de 96 países, con China, gran exportador de tejidos a todo el mundo, liderando el ranquin con mayor número de certificados. Depende del consumidor que este tipo de certificados vaya en auge y crezca día a día como ya está sucediendo.

Nuevos tejidos para el futuro funerario

Las ropas o tejidos pensados para los difuntos, de base tecnológica, hace unos años que son noticia y seguramente tendrá un largo recorrido en un futuro cercano. Algunas de esas propuestas innovadoras aún están en fase de desarrollo o en proceso puramente experimental. Todas estas propuestas de innovación textil funerario tienen en común que son ropas que quieren contribuir a hacer más rápida la desintegración de los cadáveres y a facilitar su retorno al ecosistema con el mínimo impacto ambiental como las que promueven los funerales verdes con sólo mortajas naturales.

Todavía son propuestas pero están ayudando a crear un debate público sobre la necesidad de hacer que nuestra muerte sea lo menos contaminante posible también en lo que se refiere a los tejidos, tanto los que visten el difunto como los que recubren el interior del féretro. Sólo así se pone de lleno en el centro del debate el objetivo de dejar, con nuestra muerte, la mínima huella ecológica en el planeta.

Una de estas iniciativas, quizás la más conocida, es la de Pia Interlandi, una artista australiana que diseña prendas para vestir muertos. Sus clientes escogen sus creaciones no sólo por la apariencia, sino también porque se disuelven en la tierra, facilitando la descomposición. Esta artista, que ha explorado convertir el cuerpo en el momento más difícil de la vida: el de la muerte, estudió, junto con un científico, en el laboratorio artístico SymbioticA, de la Universidad de Australia Occidental, cómo reaccionaban diferentes tipos de fibras con los cuerpos al ser enterrados. Encontró que el cáñamo se descomponía más rápido que la seda, y los usó a ambos para realizar sus creaciones. De este trabajo salió el proyecto Garments for the Grave, una investigación que llevó la metáfora del polvo eres a la realidad.

En Estados Unidos y Australia, donde ella reside y trabaja, empiezan a proliferar cementerios verdes que no son más que parcelas de bosques y pastos donde se inhuman difuntos simplemente enterrados bajo el suelo de estos espacios naturales. Pia Interlandi reconoce que “El sueño de mi vida es crear un espacio donde poder celebrar ritos de entierro natural, una especie de Bed&Breakfast, en dónde las personas pudieran venir a sepultar a su ser querido, elegir dónde ser realojados, unirse con la tierra y alimentar al mundo. Mi madre, por ejemplo, quiere ser enterrada bajo un prado en el que pasten llamas. Uno no puede elegir cuándo morirá, pero sí dónde quiere ser inhumado y cómo quiere que lo vistan”, Así de clara se expresaba Pia en una entrevista publicada recientemente en Laudano Magazine.

Otra iniciativa todavía más experimental es la de la artista surcoreana, Jae Rhim Lee, quien propone usar hongos incorporados a los tejidos de forma que se eviten las toxinas de los difuntos y estas no pasen al medio ambiente reduciendo así la huella ecológica de nuestra muerte. Rhim ha diseñado un traje funerario que incorpora esporas de hongos en el propio tejido. De modo que cuando se viste el cuerpo del difunto, las esporas de los hongos comienzan a crecer en la carcasa, descomponiendo el tejido y reduciendo las toxinas del cadáver. Su trabajo ha demostrado que los hongos tienen la capacidad para llevar a cabo un proceso llamado Mycoremediation, durante el cual el micelio de los hongos digieren las toxinas y las transforman en subproductos no tóxicos. Si existen metales pesados en el organismo, simplemente los hongos actúan como acumuladores dinámicos almacenándolos en las células fúngicas en lugar de que descompongan en el medio. Actualmente, divulga su proyecto en Infinity Mushroom.

Sudario bidoegradable

Una opción poco conocida en el caso que el cuerpo del difunto no se vaya a exponer es colocarlo desnudo dentro de un sudario tipo bolsa plástica. En este caso es importante saber que existen sudarios biodegradables. En España hay un fabricante que ofrece el sudario de bioplástico (confeccionado con el polímero vegetal mater-bi  de un espesor de 110 micras con cremallera y un peso de 480 g por unidad en medidas de estándares de 80 x 220 cm.

Los procesos de producción del sudario biodegradable se hacen por el sistema de soldadura en alta frecuencia con lo que se consigue la estanqueidad del sudario, y se evita que los fluídos afloren al exterior. Este sudario biodegradable cumple con la las exigencias de la sanidad europea y es especialmente apto para la incineración. En el caso de inhumación su desintegración se produce a los 16 meses. Es un producto que manejan las empresas funerarias para traslados de cadáveres pero opcionalmente puede emplearse para recubrir el difunto dentro del ataúd.