Otra muerte es posible

La necesaria evolución del funeral

Cuando la necesidad de preservar el medio ambiente está más viva que nunca, pocas personas piensan en los efectos que su muerte y el funeral tendrá sobre el entorno, aunque no lo puedan ver. Los servicios funerarios actuales es uno de los pocos sectores socioeconómicos que apenas ha hecho nada a favor del medio ambiente. Y razón no les falta, nadie les presiona a ello. Un día morimos, a veces, sin previo aviso y dejamos no sólo el duelo a los seres queridos, sino también un problema.

En España más de un tercio de la población tiene contratadas pólizas de seguro de deceso. En este caso, quien toma las decisiones son las aseguradoras que ofrecen los productos funerarios en función de lo pagado por el difunto con su póliza. En general, las aseguradoras tampoco hacen nada, pues en realidad lo que quieren es que la familia sienta que el dinero invertido en la póliza ha quedado lucido. Y las empresas funerarias que ganan dinero a porrones son las primeras interesadas en que todo tenga el aspecto más fastuoso posible, incluso con bajo presupuesto.

Algunos cambios necesarios

Pero las cosas están cambiando. En España una aseguradora ofrece desde 2013 la póliza de seguros ecofunerales  y existen ataúdes certificados que garantizan que no se han fabricado con maderas tropicales. Pero, en España, el país de Europa con más hornos crematorios, también es el país en que estas instalaciones más incumplen la legislación comunitaria.

Con la legislación anticuada vigente en España tampoco están permitidos los ataúdes que no sean de madera, aunque hay empresas (1) (2) que ofrecen féretros con calidades e incluso estética similares, pero fabricados en un material biodegradable como el cartón reciclado y sin forrarlo de fibras sintéticas. El sector funerario ha vetado que se homologuen este tipo de féretros de materiales que no sea madera, que para la incineración serían ideales desde el punto de vista ambiental. Dado que la cremación supone de media el 40 % de la opción funeraria en España, las empresas del sector no deberían bloquear que se puedan vender los ataúdes que no sean de madera. Pero recordemos que el féretro es su moneda para encarecer el servicio.

Tampoco en España están autorizados los entierros en espacios naturales como sucede con los cementerios verdes que existen en el Reino Unido o Estados Unidos (también en Australia y Nueva Zelanda). En definitiva, en nuestro país, al morir dejamos una profunda huella ambiental. Muy pocas personas han establecido los criterios de su entierro en un documento de curso legal. También es cierto que algunos difuntos desde el “cielo” son testimonios como sus familias apenadas no respetan sus deseos por razones prácticas o de convencionalismos. Un buen ejemplo de ello nos lo ofrece el cine con la película Capitán Fantastic.

Otra cosa que no es posible en un rito funerario es ser comido por rapaces carroñeras como permiten algunas culturas. Debería poderse plantear esta opción. De la misma forma que hay comederos o muladares para buitres y otras rapaces carroñeras, las personas que quisieran deberían poder ser depositadas en estas instalaciones para la conservación de la fauna silvestre.

Habría que erradicar de nuestra concpeción el embalsamamiento químico que llena de productos tóxicos nuestro cuerpo difunto (tanatopraxia).  Por razones estéticas, las funerarias siempre incluyen los arreglos estéticos del cadáver (tanatoestética). La mayor parte de los productos que se usan en estas prácticas son altamente nocivos ambientalmente.

Belleza tóxica

La industria funeraria es multimillonaria, y su modelo económico se basa en el principio de protección, saneamiento y embellecimiento del cadáver.  No importa lo que se necesita ni cuánto cuesta, ni lo malo que es para el medio ambiente. La mayoría de las empresas  funerarias actuales, salvo excepciones, vive de explotar los sentimientos de la familia afectada y luego vende la moto que la belleza en la ceremonia funeraria ayuda al duelo.  Todo ello es un placebo como tantas otros que no es más que una forma de marketing. Las empresas viven de ello gracias a que tienen concesiones administrativas que les da derechos sobre los entierros en un área territorial. Basta sólo citar que la legislación básica española sobre este tema no ha variado desde 1974 (ver el proyecto de ley paralizado desde 2011). En el mencionado proyecto se valora la necesidad de que los féretros "Se opta porque esté fabricado de un material degradable o fácilmente incinerable, al objeto de evitar en la medida de lo posible la contaminación medioambiental".

La industria funeraria embellece el cadáver y habitualmente ofrece a la familia del difunto un ataúd hecho de madera tropical o noble, dura y  brillante, cuando no de metal con un sellador de goma y con interiores ricamente revestidos de telas, habitualmente sintéticas.

El embalsamamiento o la preservación química de los muertos drenando la sangre del mismo con formaldehído (una sustancia química tóxica que causa cáncer) no contribuye más que hacer más peligroso para el medio ambiente los cadáveres, tanto si se incineran (por las dioxinas que se producen), como si se entierran.

La tanatoestética, salvo casos muy concretos, debería desestimarse al igual que los vestidos con fibras sintéticas cuando no lujosas, con que se visten la mayoría de los cadáveres. La decadencia corporal lógica ligada al fin natural para toda la vida orgánica en este planeta tiene su punto de realidad que no deberíamos esconder.

La muerte puede ser un asunto emocionalmente desordenado y complejo, y la belleza del cadáver debería visualizarse a través de su regreso natural a la tierra de donde venimos. Habría que educar para ser capaces de crear y practicar un ritual funerario que no dañe el medio ambiente y para ello necesitamos nuevas opciones.

Algunas religiones deben evolucionar también en su visión sobre los cementerios como almacenes (sagrados o no) o de cadáveres. Lo sagrado no debería ser un recinto donde se amontonan restos humanos, sino la naturaleza silvestre que nos envuelve.  La opción que ofrece el ecofuneral mejora algunas posibilidades, pero hay que ir más allá y cuanto antes. La política debería entrar también en este ámbito y regular el lucro de las empresas funerarias.

Opciones posibles

La donación del cuerpo a la ciencia es por ahora la única de las opciones que permite la posibilidad de que la persona se salte todos los aderezos funerarios y con un coste mínimo.

Una realidad deseable sería el entierro directamente en la tierra con sólo el sudario de fibra vegetal y sin féretro. Al igual que hacemos con los animales ya que de esta forma en pocos meses el cuerpo se ha integrado nuevamente al ciclo de la naturaleza. Enterrar sin ataúd es posible en otros países avanzados, pero no en España.

Los cortejos funerarios no deberían ser en berlinas lujosas como sucede actualmente que no son precisamente de bajo consumo sino todo lo contario. El parque de vehículos eléctricos funerarios es mínimo aunque los carroceros los ofrecen. La fabricación de un coche fúnebre es un lujo indignante.

Las ceremonias funerarias se deberían plantear desde la simplicidad material y con materiales ecológicos, sin los fastos que a menudo se observan en las mismas.
Es evidente también que dado el número de personas que habitamos en ciudades se requiere también de técnicas como la incineración.

Algunas urnas cinerarias ya ha sido diseñadas para que estas sean el sustrato para una nueva planta. Otras literalmente se funden con la tierra o el agua de mar. La propuesta de ecofuneral que defiende la Fundación Tierra se inspira en unos principios claros.

Cementerios naturales, espacios sagrados

La idea de los cementerios como lugares permanentes de depósito de cadáveres debe ser revisada. De la misma forma que los vertederos de basuras tras décadas de considerarse como algo normal, se clausuraron casi todos, también deberíamos cuestionarnos sobre la vigencia de los cementerios en una sociedad que avanza hacia lo digital y ambiental. Para ello, sin duda, la cultura religiosa también debería evolucionar en este sentido.

Lo verdadero sagrado no es un cadáver depositado en un nicho o en una tumba y que ha quedado reducido a algunos huesos y restos de madera del ataúd. Lo sagrado es que asociemos a los seres queridos a algún lugar de la naturaleza pristina apreciado por este  o su familia.

Es evidente que los cementerios vienen de muy antiguo, pero de la misma forma que hoy no nos comunicamos a silbidos o con humaredas desde las colinas sino con la microelectrónica, en el ámbito de la cultura de la muerte, también los paradigmas históricos de los ritos asociados deben evolucionar.

En los cementerios naturales o verdes no hay lápidas en el sentido típico. A veces simplemente hay una pequeña marca, porqué esencialmente, lo importante no es la localización exacta de la disposición del cadáver o las cenizas sino un lugar para fijar el recuerdo. Un espacio donde la familia puede regresar para recordar a sus difuntos. Un lugar donde a lo mejor la familia ha plantado un árbol, un arbusto o simplemente una planta herbácea. Un lugar, donde la naturaleza no es propietaria de los cadáveres como sucede con los cementerios tradicionales. Un lugar donde incluso podemos invertir dinero para facilitar su conservación. Sería mucho más acorde que en nuestra última voluntad, pudiéramos poner parte de nuestro patrimonio para proteger la naturaleza que nos rodea. Un lugar donde la belleza de la naturaleza invite al paseo, el silencio, la meditación, la práctica espiritual. Un lugar donde la naturaleza y el duelo se fusionan, porque morir es renacer en otra dimensión.

Cambiar la visión sobre la muerte

Cada vez hay más personas que se rebelan contra el anquilosamiento de la industria funeraria actual. Cada vez más personas desean morir de una manera más humilde y consciente de pertenecer a una entidad viva superior como es el planeta Tierra que nos acoge. Pero, no es fácil y sobretodo el problema es que muchas personas no dejan escritas sus voluntades sobre cómo quieren que se organice su funeral.

La mayoría de las pólizas de seguros tampoco ayudan pues se pretende que pagues pero que no "preguntes". Sólo la póliza ecofuneral tiene en cuenta precisamente el rito o ceremonia que elijamos y nos ayudan a su planificación.  El servicio de planificación del funeral un pequeño paso, pero no podemos olvidar que la sartén la tienen bien cogida las funerarias y estas no están por la labor ya que no sienten presión social sobre ellas. A menudo, los ayuntamientos también dan bandazos pues quieren mejorar la situación, pero haciendo lo mismo que las funerarias privadas. Queda mucho pues por cambiar respecto a como implementamos la liturgia para celebrar la muerte.

Artículo elaborado por Jordi Miralles, presidente de la fundación Tierra.